Libérate del estrés con YOGA

El estrés forma parte de nuestra vida, y de hecho una pequeña dosis de estrés es una forma de asegurar la supervivencia. Cuando percibimos una amenaza, el sistema nervioso simpático se activa: el corazón late más deprisa, la presión sanguínea sube, los músculos se preparan para huir o defenderse y las fuentes de energía se ponen en funcionamiento para asegurarle al cuerpo suficiente combustible. Una vez que la amenaza ha desaparecido, el sistema nervioso parasimpático recupera el control y poco a poco, todo vuelve a la normalidad. El corazón se calma, los niveles de hormonas del estrés y de azúcar en sangra descienden, etc.

Hace miles de años, cuando la amenaza que ponía en funcionamiento el reflejo de lucha o huída era el ataque de un depredador o una tribu vecina, la respuesta del cuerpo humano para ponerse a salvo resultaba estar maravillosamente diseñada para tal fin. Incluso hoy en día, ante la imprudencia de un conductor cuando tratamos de cruzar la calle, o de un ladrón que nos asalta en la oscuridad, el sistema de respuesta al estrés está en concordancia con la situación que lo requiere. El problema viene cuando la supuesta amenaza es nuestro jefe al que nos tenemos que enfrentar cada día, tenemos dificultades económicas o desavenencias con nuestra pareja… situaciones, al fin y al cabo, prolongadas en e tiempo, que no parecen tener una solución rápida. En este caso el sistema de respuesta al estrés permanece activo durante mucho tiempo, lo que puede volverse contra uno mismo e incluso hacernos enfermar.

El tipo de problemas de salud con los que solemos relacionar el estrés son dolores de cabeza, insomnio, úlcera; pero el problema va mucho más allá. Se ha demostrado que el estrés potencia enfermedades como la diabetes del tipo 2, la depresión, la osteoporosis, los ataques al corazón, los derrames cerebrales, la esclerosis múltiple o la artritis reumatoide. El estrés también parece estar relacionado con la obesidad e incluso con el cáncer. De modo que comencemos a tomarnos la vida con más calma.

Ante una situación estresante, ya hemos visto que en el cuerpo se producen una serie de cambios importantes que parecen estar provocados por el aumento de los niveles de la hormona del estrés llamada cortisol. Esta hormona es segregada por las glándulas suprarrenales, que han recibido la orden desde el cerebro. El cortisol hace que el organismo libere glucosa a la sangre para enviar energía a los músculos.

Aparte de esto, los niveles elevados de cortisol en sangre se relacionan con la subida del azúcar en sangre en ayunas, elevada presión sanguínea, niveles de triglicéridos altos y resistencia a la insulina. Todos estos factores son clave en el aumento del riesgo de sufrir un ataque al corazón. El cortisol también está relacionado con la necesidad de comer desmesuradamente, dichas calorías se transformarán en grasa acumulada en el abdomen (factor que aumenta las posibilidades de sufrir diabetes del tipo 2 y enfermedades cardíacas).

Un nivel alto de cortisol también disminuye la densidad ósea, está relacionado con la depresión y la respuesta inmune. Sea cual sea la causa del estrés, éste se alimenta de pensamientos. La mente incluso puede generar estrés al preocuparse por cosas que no llegarán a suceder nunca. El yoga ayuda a aliviar el estrés y enseña a a mente a ser un aliado en vez de enemigo. Con la práctica del yoga consigues entrar en contacto con un lugar interior más feliz y sosegado. Al principio, tal vez solo lo sientas al terminar una sesión de yoga, pero con el tiempo y perseverancia, podrás sentir ese bienestar durante todo el día.

En oposición a este estado de paz interior que deviene de la presencia consciente del Ser, se encuentra otro estado, más común en la mayoría de las personas. Es lo que los yoguis llaman “la mente del mono”. Es un estado en el cual la mente divaga y salta de un pensamiento a otro. Se mueve entre los recuerdos del pasado y las proyecciones hacia el futuro. Pero no permanece atenta en el momento presente, que por otro lado, es lo único que tenemos. Muchas personas creen que esta cháchara o diálogo mental constante es lo normal, y en la mayoría de los casos no se dan cuenta de lo nocivo que es hasta que intentan hacer silencio en su interior.

Tal vez la herramienta más poderosa de que nos dota el yoga es la respiración. Los antiguos yoguis descubrieron que la respiración tiene efectos sobre el sistema nervioso, tanto para activarlo como para relajarlo. Una respiración irregular y superficial puede ser tanto causa como consecuencia del estrés.

Resulta que la respiración es uno de los pocos sistemas del cuerpo humano que podemos variar y controlar de manera consciente. El yoga trabaja en la línea de hacer la respiración más lenta, profunda y suave. Controlar las fluctuaciones de la respiración ayuda a controlar las fluctuaciones mentales. La práctica habitual de yoga, además de activar el sistema nervioso parasimpático y permitir que el cuerpo entre en modo de recuperación, reduce la tensión muscular, aún cuando la postura que se practica no es del todo placentera.

Las asanas que tonifican las glándulas suprarrenales ayudan a regular los niveles de adrenalina y cortisol. Es el caso de las posturas de inclinación lateral, flexión anterior y posterior.

Una de las prácticas más relajantes y placenteras del yoga es savasana, es decir la relajación final. No consiste en dormirse una siesta o tumbarse sin más y dejar que la mente divague. Al contrario, se trata de relajar conscientemente todo el cuerpo físico y mantener la mente posada en los procesos corporales, en lo que ocurre y sucede en nuestro cuerpo. (…)

Otra de las grandes herramientas traídas desde Oriente es la meditación. Mucha gente se siente intimidada por el concepto mismo de la meditación o por lo que consideran intentos fallidos de meditar. Pero tal cosa no existe. En el momento en que te sientas en silencio y observas tu interior, ya estás meditando. Fija tu atención en una única cosa, por ejemplo la respiración. Observa la sensación que se produce en tu nariz cuando inhalas y exhalas. Los pensamientos vendrán a molestarte, no lo dudes, pero aún así, persiste. Regresa a la respiración una y otra vez. Incluso a los meditadores experimentados les ocurre, se distraen. Pero los estudios indican que los beneficios psicológicos de la meditación se dan también en aquellos practicantes que no creen estar meditando correctamente.

Aún teniendo todas estas maravillosas posibilidades, herramientas que nos brinda el yoga para relajarnos en épocas difíciles y ayudarnos a navegar en las tormentosas aguas del océano de la vida, tiene que darse una condición para alcanzar el bienestar, y es querer lograrlo, priorizar.

Debemos encontrar el hueco en nuestra apretada agenda para insertar unos minutos de meditación, o una relajación guiada. Aprovechar el descanso en el trabajo para hacer 3 o 4 asanas reconstituyentes y relajantes en lugar de tomar un café. Sustituir la película nocturna por una sesión de yoga y pranayama. Se trata de darle prioridad a nuestro interior en lugar de buscar el bienestar en el exterior.

Artículo escrito por Cristina Herrero

 

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